CALENDARIO DEL SER 2018

NUMEROLOGÍA DEL SER

 

Brindo por las oportunidades que crearemos este 2018 para despertar, para ampliar la conciencia dándonos cuenta de más aspectos de nosotros mismos, para que convirtamos nuestros retos y desafíos en regalos y especialmente para que podamos compartirlos con los demás, en este año que numerologicamnete es un año 11 2 y que señala el afloramiento de la riqueza interior, la entrega incondicional y el amor al “otro”, como la forma más elevada del amor hacia ti mismo, en este viaje o aventura del ser humano hacia la Unidad.

Te comparto El calendario del Ser 2018, con la clara intención de que te sirva para alinear el rumbo de tu velero (tu número de camino de vida) con el viento que te impulsa en este año 2018.

Este año 2018 que comienza, numerológicamente es un año 11 / 2* que señala el afloramiento de la riqueza interior, la entrega incondicional y el amor al “prójimo”, como la forma más elevada del amor hacia ti mismo.

Deseándote conciencia para el apasionante año 2018 que se presenta en nuestro escenario, donde por efecto del año 2 (2018=11/2)* será un año de riqueza interior donde podremos gozar de dar y apoyar al “otro” que es nuestro reflejo en el espejo de la vida. Todos somos ricos en nuestros dones y talentos y en nuestra capacidad de entregarlos con generosidad. Este año se presentará también la oportunidad de apoyar a nuestra comunidad para ponernos al servicio del planeta y crear el mundo que queremos crear.

*2018 =2; 2+0+1+8 =11 1+1 = 2

Exploración de los 9 Caminos

Del 1 al 9 paso a paso. Desde el Todo, dando el 1º paso se distinguió el yo; en el paso 2 llegó el tú; el 3 inspiró la fertilidad entre tú y yo. Tras la gestación llegó el 4 a la manifestación; la materia se movió para descubrir su origen y conectó al 5 con la energía; ésta se elevó hasta el cielo y el 6 se estableció en el Amor. El amor descendió al mundo y la mente del 7 se iluminó; el 8 descubrió la acción interna y el poder se hizo magia; y cerrando el círculo el 9 regresó a la Unidad.

Para saber cuál es tu Año Emocional para el 2018.

Nuestro camino de vida transita a través de ciclos emocionales de nueve años, del año uno al nueve. En el año uno empieza el ciclo y en el año nueve termina. Cada año dentro de este ciclo de nueve años contiene la energía de su número, de modo que, en cada uno de los años vas a atraer o manifestar con facilidad las cualidades que representa la energía del número que le corresponde.

Descubre cuál es tu año emocional este 2018.

Para saber cuál es tu Año Emocional para el 2018, suma todos los números que aparecen en tu fecha de nacimiento completa y al resultado -que es tu Número de Camino de Vida-, le sumas 2 que es el número del año 2018.

Así, una persona que nace el día 18 del mes 2 del año 2001, debe sumar:

1 + 8 + 2 + 2 + 0 + 0 + 1 = 14

y sumar de nuevo hasta llegar a un solo número:

1 + 4 = 5

Ahora, calcula el número del año 2018

(2+0+1+8 = 2)

Para hallar el año emocional suma a su Camino de Vida (5) el número que corresponde al año 2018 (2)

El año emocional para este ejemplo es 7 (5 + 2 = 7)

Por tanto y siguiendo el ejemplo, el año 2018 será un año emocional 7 para todas las personas con Número de Camino de Vida 5.

 

Para las personas en Año Emocional 1 (Camino de Vida 8) es año de inicio, nuevos proyectos y posibilidades para empezar el nuevo ciclo si es que te quedaste libre de lo que sabes que ya terminó. Si no quedaste libre, aprovecha los primeros momentos para revisar estos asuntos pasados, agradecer lo aportado a tu camino y soltar las viejas estructuras, apuntándote a lo nuevo. Año para permitir la inspiración completa y volar en dirección hacia lo inimaginable.

Para las personas en Año Emocional 2 (Camino de Vida 9) es un año para dar, para quedarse en el lado interior o no visible del escenario y entregarse a apoyar al otro, sea quien sea el otro -lo que aparenta el otro, que es en realidad un espejo tuyo-. Puedes usar tus dones para apoyar los proyectos de otras personas, dando estabilidad y gozando de la tuya. Año para disfrutar de la facilidad en la manifestación y presencia para el apoyo incondicional hacia la comunidad, grupo, equipo, o familia del alma.

Para las personas en Año Emocional 3 (Camino de Vida 1) es un año para vivir la intuición y el proceso creativo en estado bruto, abundancia de ideas inspiradoras. Nada puede resultar más inspirador que un desafío y de las dos cosas –inspiración y desafíos- habrá suficiente este año. Es un año para entregar tu energía inspirando al otro a través de tu acción creativa.

Para las personas en Año Emocional 4 (Camino de Vida 2) es un año para manifestar y materializar en el plano físico tu visión elevada. Año en el que las distintas posibilidades que han llegado desde la inspiración divina, toman cuerpo, entran en el mundo de lo visible para que otras personas puedan disfrutar de esa misma inspiración. Las formas físicas proporcionan la ilusión de la estabilidad.

Para las personas en Año Emocional 5 (Camino de Vida 3) es un año de acción pura soltando el control y las ideas o fantasías del resultado. La acción pura es el resultado libre de juicio, opinión o apego. Entonces puedes entregar tu acción a la vida. Lo que sucede en el escenario de cartón –lo que aparenta real- es sólo la inspiración para realizar la acción pura. Año para mover la energía siguiendo el impulso del momento, estando en el mundo desde el silencio. Este impulso libera y te hace libre, año para vivir la libertad del ser.

Para las personas en Año Emocional 6 (Camino de Vida 4) es un año para enfocarse en las cualidades de las cosas y en la belleza como motivo para la acción inspirada. Año para estar enamorado de la perfección del momento y disfrutar la conexión divina en un marco de eternidad. Si el amor se proyecta hacia fuera en forma de apego y expectativas, tendrás la oportunidad este año para vivir  el sentimiento de abandono que le acompaña como paso previo al desapego.

Para las personas en Año Emocional 7 (Camino de Vida 5) es un año para vivir la potencia de la mente y experimentar el viaje hacia el silencio. Este es el viaje del mundo exterior hacia el paraíso interior. Año para viajar y disfrutar de mundos interiores y exteriores, manifestando tu visión sabia, experimentada y creativa en el nuevo mundo, soltando y desapegándote del resultado en el escenario exterior.

Para las personas en Año Emocional 8 (Camino de Vida 6) es un año para inspirarte volando alto y manifestar tus sueños al aterrizar. Esto sucederá de forma mágica al alinear tu poder interior a la intención creativa y manifestadora de la vida. Año para manifestar tu acción impecable en el mundo e inspirar a otros a manifestar su creatividad.

Para las personas en Año Emocional 9 (Camino de Vida 7) es un año en el que concluye un ciclo, para finalizar lo que sabes interiormente que se acabó, que ya no tiene sentido en tu vida. Un año para que te vayas o te echen de lo que sientes que ya se acabó -siempre es más elegante irse-. Un año para quedarse con las manos vacías, después de poner el lazo y entregar los regalos de la celebración de la despedida. Creando a la vez espacio vacío para lo nuevo que se intuye va a aparecer en la línea del horizonte.

 

Josep Soler

Autor del Libro

La Numerología del Ser.Los 9 caminos de retorno a la Unidad” © Editorial Gaia.

https://aventuradelser.com/libros/

 

El año emocional y el curso online. (Inicio Febrero 2018)

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Si tienes interés en el curso online y estás en un año emocional 1, este curso te servirá para terminar con lo antiguo y enfocarte en tus nuevos proyectos con espíritu renovado, siguiendo el impulso de tu corazón.

Si tienes interés en el curso online y estás en un año emocional 2, este curso te servirá para conectar con tu riqueza interior sentirte bien y quedarte libre para apoyar al otro, alimentándote de tu capacidad de dar de forma incondicional.

Si tienes interés en el curso online y estás en un año emocional 3, este curso te servirá para conectar con tus sabiduría interior, incrementar y afinar tu intuición, usar tu facilidad en la comunicación para inspirar el mundo.

Si tienes interés en el curso online y estás en un año emocional 4, este curso te servirá para descubrir tu capacidad para manifestar tus sueños, comprender los mensajes que se presenten en tu vida y establecerte en la confianza en la vida.

Si tienes interés en el curso online y estás en un año emocional 5, este curso te servirá para enfocar tu energía elevada de forma efectiva, emprender tus proyectos con intensidad y libertad, y disfrutar de la variedad de experiencias que se presentarán.

Si tienes interés en el curso online y estás en un año emocional 6, este curso te servirá para disfrutar de la facilidad con la que tus proyectos se manifestaran en el mundo, conectar con la belleza del momento presente y sentir el enamoramiento hacia la vida.

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Si tienes interés en el curso online y estás en un año emocional 8, este curso te servirá para disfrutar de tu presencia renovada en el mundo, distinguir la acción externa de la interna usando el poder de tu intención para hacer magia en tu vida y disfrutar de la facilidad con la que se manifiestan las cosas.

Si tienes interés en el curso online y estás en un año emocional 9, este curso te servirá para conectar con tus valores elevados, poner al servicio del mundo tu sabiduría interior, y prepararte para soltar todo lo que ya caducó en tu vida.

 

El Año Emocional Ampliado

La vida es nueva a cada paso, el camino está por estrenar justo delante de ti en tu siguiente paso. Tú eres fresco y nuevo en cada paso si te das la oportunidad de sentirlo. Entonces vas a experimentar el gozo del Ser.

En este continuo movimiento hacia el descubrimiento instantáneo del ser, la numerología te va a aportar la confianza de saber que vas bien. Aún en el caso de que no seas capaz de apreciarlo en las circunstancias que se presentan, serás capaz de mantener esa confianza como si fuera una música de fondo.

Cada año tiene un nuevo movimiento que se puede apreciar, a veces, de forma sutil y otras drásticamente. La importancia de reconocer el año emocional en el que estás es que permite, año tras año, alinearte con este movimiento. Esto va a darte un nuevo marco que te permitirá redescubrir esos acontecimientos con sentido diferente: los obstáculos se convierten en indicadores de dirección, las piedras en diamantes, las resistencias en dones y las dificultades en regalos.

Si te preguntas cuál es el mejor año o cual es el mejor número, aquí tienes la respuesta: El mejor número es el tuyo y el mejor año es este.

Obtén tu regalo del mejor número en el mejor año. Observa que hay momentos en los que tú insistes en ir en una dirección y las cosas que ocurren van en la contraria. Esto es la evidencia de una desalineación interior. Es lo que llamo una llamada suave en el libro El Lenguaje del Alma. Observarlo te da la oportunidad de alinearte internamente, dándote cuenta que una parte de ti apunta en una dirección y otra parte de ti en otra. Toca ser congruente y apuntar con todo tu Ser en la misma dirección. Entonces vas experimentar eso que se llama estar de suerte.

Eres libre para elegir la dirección que quieras seguir y, si escuchas, si estás atent@, todos los años, todos los días son “fascinantes”. Cuando penetras el momento te haces Uno con la Vida.

El futuro está en tus manos, se crea en el presente.

 

Año emocional 1 (si tu camino de vida es 8)

Es el principio de un ciclo de nueve años. Es un año para seguir el impulso de correr hacia lo nuevo. Lo viejo no nos funcionará igual que antes. Le damos forma o salida a nuestros impulsos y también estamos más conscientes de cuando los reprimimos. Nos sentimos más activos.

También descubrimos intereses que se presentan a través de ideas o proyectos nuevos. Nos apuntamos a cosas que parece que serán duraderas y más adelante nos apetecerá hacer otra cosa diferente. No hay problema más allá de creer que hay que terminar lo que se empieza…Año de cambios. La dificultad en este año puede venir por no haber dicho adiós a las cosas viejas del ciclo anterior, cosas que sabemos que ya acabaron y seguir apegado o enganchado a ellas. Si hemos sabido decir adiós y gracias al año pasado, lo nuevo nos llega fácil y agradable.

La personalidad y el ego están más sensibles este año que de costumbre. Impulso de ser protagonista. No es un año de problemas económicos, este periodo es para vivir otras cosas. El 1 es la metáfora del recién nacido. El niño no tiene que buscar la comida por su cuenta, eso ya lo tiene solucionado. Estamos más en contacto con nuestras emociones que con la parte racional o lógica. Somos más impulsivos, no pensamos tanto las cosas.

 

Año emocional 2 (si tu camino de vida es 9)

Año de relaciones que se intensifica en el uno a uno. Tenemos más fuerza interior, que se siente como una atracción hacia nosotros de personas y acontecimientos. También, en consecuencia, hay menos necesidad de expresar nuestra fuerza directamente. Estamos más presentes o conscientes de nuestro mundo interior. Como un efecto de esto, suelen cambiar los sueños y aparentan más reales, más magia en tu vida.

Año de estar ocupado, mucho trabajo y aparentemente pocas recompensas (directas o externas) por ese trabajo. Se viven los aspectos interiores de cualquier situación. En el año 1 se toma un impulso realizando una acción, orgulloso de lo que se ha hecho, en el año 2 uno se siente que se ha entregado a algo que valía la pena. Este proyecto que vale la pena normalmente no es para uno mismo, es por un interés general y apoyando un trabajo donde otra persona o el mismo proyecto recibe el mérito.

Las cosas que uno quiere directamente le vienen indirectamente. Se trata de tener claro lo que se quiere y entonces atender a lo que se tiene delante, que normalmente en este año es apoyar a otro. Entonces, de forma mágica, aparece lo que nosotros queremos indirectamente.

Cuando uno está conectado al interior se siente más claro, estable, seguro. La fuerza viene del interior y este es un año interior. Esta fuerza indirecta, si se usa, viene para apoyar a otros y beneficia a ambos.

 

Año emocional 3 (si tu camino de vida es 1)

Año de nuevas ideas y proyectos creativos, de expresión y comunicación.

Suelen ocurrir acontecimientos que estimulan el miedo (energía bruta para aprender a usar como impulso) y también se agudiza la intuición. Aparecen nuevas posibilidades, planes, aventuras y fantasías. Eso nos crea inseguridad, dudas, altibajos que pueden ser intensos, y también miedo como metáfora de esa fuerza creativa bruta. Nuestras resistencias estarán más a flor de piel, estaremos más sensibles y parecerá que ya no aguantamos nada o aguantamos menos.

Sentimos el impulso de dejar circunstancias o relaciones que parece que nos limitan. No es un año de materializar externamente, el movimiento va por dentro y se expresa comunicando, en como uno percibe desde dentro el mundo exterior. Nos interesa descubrir cómo ocurren las cosas, cómo se crean los acontecimientos. Es un año para darse cuenta de que no hace falta luchar en el mundo exterior para que funcionen las cosas, que la clave es nuestro mundo interior y que si le hacemos caso, las cosas externas parece que funcionan solas.

Uno de los efectos que se produce cuando uno da paso a lo nuevo, es que también entra nueva energía y se sitúa en un nuevo nivel de conciencia. Las cosas del pasado que no están a ese nuevo nivel, salen. Esas cosas del pasado están en nuestro interior y la forma en la que pueden salir es manifestándose físicamente en el mundo. A veces, esa manifestación externa, no es del todo agradable porque hace algo de ruido. Es como ponerse a limpiar, al principio se ve más sucio. Ese sonido más alto son las cosas del pasado saliendo. Cuando algo del pasado sale, nos cuesta soltarlo. Puede hacerlo más fácil darnos cuenta de que lo que nos cuesta soltar no es la parte material, sino el sentimiento que llevamos dentro.

Una forma de dar libertad a ese sentimiento y a las personas involucradas en él, es utilizar la materia como símbolo de esa circunstancia, es decir los objetos que guardamos relacionados con ese pasado, y al soltarlos liberar la energía enganchada en ellos, recuperando nuestra energía y devolviendo el resto a quien pertenezca. Así uno deja de tener fragmentada su energía en el pasado y está toda disponible en el presente.

 

Año emocional 4 (si tu camino de vida es 2)

El 4 simboliza la energía tomando forma física, manifestándose materialmente.

Así en este año las cosas de nuestro mundo interior, como ideas, visiones, sueños, se manifiesta físicamente, externamente. La otra cara de este aspecto es que si sentimos, interiormente, que nuestra vida no evoluciona o está atascada, exteriormente aparecerán obstáculos o dificultades. Mantener ese último punto de vista nos va a llevar a circunstancias en las que, de repente, parece que se nos cierran todas las puertas.

Es también un periodo de revisión de nuestras estructuras, familia, casa, trabajo y todo lo relacionado con la estabilidad. Puedes vivir una metáfora de cambio de casa, o cambio del lugar dónde uno se siente en su casa, como en el trabajo o como miembro de una organización o grupo, aunque no tiene porqué ser permanente. Quizá por un tiempo vivir en otro sitio, o realizar cambios dentro de la casa, trabajo o de posición en la misma empresa o quizá cambio de coche.

También llaman la atención aspectos familiares, uniones, separaciones, nacimientos.

Los problemas físicos en el cuerpo, quizá en los huesos como metáfora de estructura, o sufrir golpes son otra manifestación si se vive el año desde un sentimiento de no avanzar o de obstáculo.

Es un periodo para trabajar una dimensión más amplia que la paciencia, lo que podemos llamar fe. Ver la vida paso a paso y confiar, manteniendo clara la intención de dónde vamos y poniendo atención en el paso que estamos dando en ese momento. No se puede hacer nada para tener más paciencia. Si intentamos ser más pacientes, nos ponemos más nerviosos, más impacientes. Lo que sí podemos hacer es tener confianza. La confianza está en un nivel más amplio que la paciencia. Podemos confiar en nosotros mismos o en los demás, pero la verdadera confianza es la que tengamos en la vida, que también podemos llamar fe. La fe o certeza está a un nivel más amplio que la confianza en nosotros mismos o en los demás. Así se trasciende la paciencia, con confianza y certeza. Año para mantener tu fe inquebrantable.

 

Año emocional 5 (si tu camino de vida es 3)

En este periodo dispondremos de mucha energía. La energía enfocada en dirección nos dará acción, movimiento, libertad y variedad. Si no la enfocamos hacia más de una persona o proyecto nos provocará nerviosismo y miedo. Es un año para disfrutar de la variedad, para hacer muchas actividades diferentes, con intensidad y por un corto periodo. Si estamos en movimiento, no nos va a faltar energía, porque lo que quiere la energía es circular. Si nos quedamos parados, nos consumirá y nos costará levantarnos del sofá. Si no hacemos circular la energía se bloquea y provoca tensión y dolor muscular.

Podemos experimentar dolores de espalda y de cabeza por esa falta de enfoque o circulación. Este año nos sobra energía para nuestros proyectos y para hacerla circular, hay que dársela a los demás, a cuantos más mejor.

Es un periodo para estar también al servicio de los proyectos de otras personas, aportándoles nuestra colaboración desinteresada. Nuestro desafío será no intentar controlar al otro, ni su proyecto, porque quizá nos gustaría sentirnos parte de él. Eso nos hace dependientes y este es un año para vivir la libertad. Para ser libre lo primero es dar libertad al otro y a su proyecto. Ser libre es una paradoja, al final te permite comprometerte totalmente.

Como metáfora de movimiento y de estar al servicio de otros, es un periodo de viajes cortos y frecuentes. Viajes para apoyar a otros, quizá de trabajo o personales aunque no viajes de vacaciones. Es un año para vivir la libertad para ofrecerla a los demás en forma de soltar el control. Podemos notar la energía en las manos, esa energía es para dar. Etapa para deshacer las ataduras del pasado y quedarnos con las manos libres para dar.

 

Año emocional 6 (si tu camino de vida es 4)

Año para vivir el amor, a través de experiencias de amor total, de disfrutar sintiéndose enamorado de todo.

Es también un periodo para vivir el éxito, en muchos casos aparentemente no merecido desde nuestro punto de vista, ya que nos llega sin esforzarnos. También podemos elegir sentir que es injusto que el éxito llegue ahora con tan poco esfuerzo, cuando creemos que lo hemos merecido en muchas otras ocasiones y no ha llegado. Este periodo es una buena oportunidad para darse cuenta de que el éxito es la opinión del otro y que se va tan fácil como llega. Es igual de absurdo apegarse al éxito que al fracaso.

Si el amor lo vivimos de forma apegada o dependiente, nos podemos sentir desde abandonados a traicionados. Es posible que tengamos alguna buena excusa para sentirnos así y también podemos utilizar esa circunstancia para darnos cuenta que uno nunca está solo. Ahora mismo podemos elegir creer que este año nos van a abandonar y sentirnos víctimas o que vamos a poder aprovechar esa circunstancia de aparente soledad para darnos cuenta de que toda la vida está con nosotros y evolucionar. También podemos abandonar una relación, proyecto, circunstancia o trabajo porque nos sentimos abandonados por él, es decir, ya no nos apoya.

Vamos a trabajar también la responsabilidad: nos podemos ver agobiados por la responsabilidad. Hay que descubrir que uno es sólo responsable en cada instante de lo que tiene delante. La responsabilidad no va más lejos, la mente si, y no hace falta. La responsabilidad se convierte en un peso cuando la proyectamos al futuro. Responsabilidad es capacidad de responder y eso es siempre en el momento presente.

Nuestra intuición está muy clara y es un buen periodo para la comunicación; hablamos con mucha fluidez, aunque también podemos aparentemente meter la pata a través de las cosas que decimos, aunque no por no tener razón, sino por sus consecuencias. Aparecen desafíos de aceptación personal. Tenemos una idea de perfección o del mundo ideal que es poco práctica y se convierte en inalcanzable. Nos hace falta bajar esa idea de perfección a la tierra, algo más cercano para el primer paso.

 

Año emocional 7 (si tu camino de vida es 5)

Año de explorar nuevas posibilidades como si fueran distintos mundos; pueden ser en el mundo del trabajo o personal, o tomar la forma de viajes: año para viajar. El mundo nos recuerda que está ahí para visitarlo.

En este periodo parece que los acontecimientos incrementan su intensidad; si antes nos molestaba algo, ahora nos molesta más. Sube el volumen mental, si hay silencio se expande, si había ruido ahora hay más. Sirve en este año, buscar espacios de silencio en la naturaleza, o dedicar unos momentos al día a observar la respiración soltando los pensamientos sin intervenir.

Pueden aparecer aspectos de competencia, lucha o agresividad para lograr nuestros objetivos. Suele haber bastante ruido mental “comerse el coco”. Tenemos muchas cosas en la cabeza que nos parece que son importantes. Si intentamos solucionarlas una por una no acaban nunca, pero si nos enfocamos en un contexto más amplio, al que podemos acceder con los “Alimentos del Alma”, parece que las otras cosas se solucionan solas o sin conflicto.

Es buen momento para poner atención en las creencias que tenemos sobre el mundo material, porque incrementan su intensidad y podemos verlas mejor. Si no prestamos atención a este proceso, podemos creernos más el mundo material y ser más dependientes de él.

Periodo para desarrollar proyectos o ideas de forma racional hasta un punto en el que la lógica se acaba y dónde el proyecto continúa con un salto al vacío creativo, que representa el salto de la razón al corazón. Esa es una manera de alinearnos con la energía 7 de este año para que las cosas funcionen: cuidar los detalles hasta un punto en que toca soltarlo todo y confiar en que la vida siempre apoya.

 

Año emocional 8 (si tu camino de vida es 6)

Año de transformación o más concretamente de transmutación, un proceso alquímico de salto de una dimensión a otra, muerte y regeneración; como la metáfora del resurgir del ave Fénix desde las cenizas.

Nos acercamos al fin de ciclo 9. Dependiendo de la atención y sensibilidad de cada persona a esta transmutación, hay quién empieza a notarla en el año 8 y quién la nota en el 9 donde es mucho más evidente.

También es un año en el que se manifiesta poder a través de conseguir sueños u objetivos, o a través de algún tipo de mando visible, donde las circunstancias parece que nos sitúan en un punto donde debemos tomar decisiones que afectan a otras personas. Es un año donde se manifiesta la metáfora de la final o la muerte metafórica como proceso de transformación. El 8 representa el movimiento de energía de un nivel a otro y eso requiere la muerte de un nivel para el nacimiento del otro.

Se producen saltos de energía, una llama nueva de energía que entra. Los años 8 y 9 pueden ser los más fuertes. Hay veces que el 1 aparenta más fuerte; eso ocurre si no se acepta la transmutación en los años 8 y 9. Hay también buenas oportunidades para vivir la muerte del ego. Es un periodo para confiar en que todo va bien y experimentar la magia de la vida, sin que sea necesaria la acción directa, ya que meter la mano o la tentación o acción de manipular juega definitivamente en nuestra contra. Esa no intervención requiere poder, hay que tomar el riesgo de no intervenir. Este año es suficiente tener una intención clara sobre qué es lo mejor que puede pasar, donde no es necesario intervenir directamente para que todo fluya a su lugar.

 

Año emocional 9 (si tu camino de vida es 7)

El año 9 marca el final de un ciclo. Cosas que hemos estado haciendo en los últimos años dejan de interesarnos. Año de despedidas; el truco está en decir adiós y gracias por todo lo que nos ha llegado.

La vida nos apoya, pero no a nuestras creencias de importancia personal. En este periodo no nos tiene lástima. Nos hemos ido dejando cosas pendientes por el camino, llega el periodo 9 y es el momento de pasar cuentas y ponerse al día.

Nos toca trabajar el desapego. Tenemos la oportunidad de llegar a un punto donde aceptemos los acontecimientos tal cual, sin tenernos lástima o resistirnos a la despedida. Las cosas se acaban, quizá aspectos de relaciones o proyectos han caducado y toca hacerlo de otra manera. Todo se está moviendo y lo peor que podemos hacer es agarrarnos, porque cuanto más intentamos agarrarnos peor lo pasamos. Podemos elegir entre la amargura de querer agarrarnos a algo que se acabó o aceptar que eso está ya completo y que toca otra cosa, abriéndonos a lo nuevo.

Es un año que marca el inicio de cambios profundos, cambios de rumbo. Se amplía el nivel de conciencia, las cosas se ven de otra manera y toca actuar en consecuencia. Hay que poner la atención en lo que llega, que es donde están los nuevos regalos, no en lo que se va, esos regalos ya los tuvimos, los disfrutamos o no: es el momento de decir adiós y sentir gracias.

El efecto de pasar cuentas hace también que den fruto semillas que plantamos hace años en un terreno fértil y que quizá ya se nos olvidó regar. Es como haber hecho un ingreso en un banco hace años, al ir a poner la cuenta al día, resulta que encontramos todos los intereses.

Este periodo es como una fiesta de despedida, la fiesta dura todo el año, el único problema es que nos olvidemos de que estamos en una fiesta y a veces, cuando algo termina aparenta lo contrario a una fiesta: puedes convertirlo en una fiesta de despedida. Es un año para disfrutar del momento de plenitud en el que dices “ya está”, y es ahí donde se crea el vacío que atrae lo nuevo. Para que llegue lo nuevo hay que dejarle un espacio, hay que soltar lo viejo.

 

Soltar el pasado para ser libre

Imagen de Marcus Dupuis. “Sendero hacia las Rocky Mountains”.

***

A pesar de que nunca sabemos lo que va a pasar, nuestra tendencia en los momentos de inseguridad es enfocarnos en la peor fantasía. Nos parece que apegarnos a lo peor que podría pasar nos la cierta seguridad.

El que está apegado, está pegado al suelo porque no quiere perder el contacto ni la seguridad que le da el espejismo de estar controlando la situación. Observar la situación desde otro punto de vista dejará el espacio suficiente para que aparezca la solución.

Cuando dejamos de observar desde ese punto de vista fijo, estamos perdiendo contacto con el suelo, dejando de enfocarnos en el pasado y empezando a enfocarnos en el vacío… el único espacio que contiene todas las posibilidades. Un problema se crea y también se mantiene solo cuando insistimos en enfocarlo desde el mismo punto de vista.

 

En una ocasión me encontraba con una amiga conduciendo en el desierto del Sáhara. Tenía calor, la boca seca y pensé en parar a comer unas naranjas que llevaba en el portaequipajes. Mi amiga estaba nerviosa porque aseguraba que nos habíamos perdido. Hacía muchos kilómetros que no veíamos a nadie, en su opinión ya deberíamos haber llegado y estábamos adentrándonos en el desierto sin provisiones.

En absoluto le pareció una buena idea que nos detuviéramos para que me comiera unas naranjas. Me dijo que ella seguiría conduciendo mientras comía. Eso hicimos, aunque no me dio tiempo a saborear la primera naranja porque antes de que hubiera terminado de pelarla, el vehículo había quedado encallado en un banco de arena, ella seguía acelerando y el vehículo se hundía aún más en la arena.

Salí del coche y me senté en unas piedras a comer la naranja mientras primero escuchaba sus quejas y luego sus gritos. Decía que nadie nos iba encontrar ahí, en mitad del desierto y además, que cómo era posible que yo me estuviera comiendo una naranja tranquilamente mientras ella gritaba de desesperación.

Cuando terminamos -ella de gritar y yo de comer naranjas- ocurrió algo que nos pareció increíble a  ambos. De un instante a otro y como aparecido de la nada se presentó frente a nosotros un beduino con un asno. Pensamos que era un espejismo. El “espejismo” hablaba francés y nos ayudó amablemente a sacar el vehículo con su asno; también nos indicó el mejor camino para llegar a nuestro destino. Agradecido, retomé el volante del vehículo y continuamos el viaje. Mi amiga, a día de hoy, aún no da crédito a lo sucedido.

 

Ahora imagina una casa que ha permanecido cerrada por mucho tiempo. Se abren las puertas y ventanas y entra la luz. Uso este ejemplo como una metáfora de la llegada de un nuevo nivel de conciencia. La luz que entra hace que queden a la vista las cosas viejas que aún permanecen ahí, y aunque sabemos que hay que tirarlas porque ya no nos sirven, nos resistimos a ello porque son cosas a las que hemos dado mucha energía en el pasado.

En realidad a lo que estamos enganchados es a una sensación del pasado, una sensación que ya se fue y que seguimos proyectando en esos objetos a los que aún estamos apegados. Debemos abrir la ventana y dejarlos salir para permitir que vaya entrando lo nuevo.

A pesar de saber que hemos venido aquí a ser libres y también que soltar el pasado supone una gran liberación, esa libertad, ese soltar nos da miedo. Y es que entre que soltamos lo viejo y aparece lo nuevo hay un espacio vacío que nos puede provocar vértigo… el vértigo de no tener nada.

 

Creemos que el juego consiste en tener siempre algo en las manos; de ahí que sólo soltemos algo cuando sabemos seguro que podemos coger otra cosa. ¿Y si el juego consistiera en quedarse con las manos vacías? Podríamos mirarlo no como una carencia que es resultado de no coger cosas, sino como un vacío creado por haber sido capaces de soltarlas, con la potencialidad de atraer lo realmente nuevo.

Mientras nuestro personaje tenga las manos ocupadas con lo viejo por miedo a soltarlo, no se puede dar entrada a lo nuevo en nuestras vidas. Mientras tanto, el Ser no deja de atraer cosas nuevas que probablemente se nos escapan.

 

El proceso es el siguiente: el Ser atrae lo nuevo y vemos cómo se acerca; el personaje, vislumbrando la posibilidad de lo nuevo por un instante, tiene miedo a soltarlo viejo. Entonces no queda más remedio que ver cómo se aleja, quedando la sensación de que no conseguimos liberarnos de lo viejo perdiéndonos lo nuevo.

 

Para pasar del CONTROL al SOLTAR RECUERDA QUE…

… el juzgar una situación como “mala” y el sentirte inseguro respecto a ella es lo que te lleva a intentar controlarla. La clave para alinearte con lo que está ocurriendo es darte cuenta de que lo que está pasando es lo mejor que puede pasar.

… te resistes a soltar por miedo al vacío que se crea entre que sueltas lo viejo y llega lo nuevo. Confía en que ese vacío es necesario para permitir que la Vida siga trayéndote regalos.

… más allá dejar de controlar y más allá de lanzarte al desafío de soltar, está la confianza en que la Vida ya está ahí para que cumplas tu propósito.

 

REGRESANDO A LA UNIDAD…

La libertad es algo que se siente, no que se tiene. Se siente dentro, en un lugar en nuestro interior que es libre, que siempre lo ha sido y lo será. Esa libertad es la que nos permite decir “sí” a todo lo que la Vida nos trae, y la que nos permite comprometernos con lo que trae el momento.

Mientras queremos ser libres o estamos buscando nuestra libertad,  nunca va llegar, porque nos sentimos atrapados o prisioneros. Sólo podemos ser prisioneros de nuestra propia mente y sus pensamientos. Libera tu mente y tu cuerpo será libre, no importa lo que pase. Ahí se revela la libertad interior, la verdadera liberación.

*extracto del libro La numerología del Ser. Los 9 caminos de retorno a la Unidad”

El potencial latente en ti

 

Recuerdo haber iniciado mi estudios en el instituto sintiéndome sola y perdida.

En aquel momento me parecía una certeza que todos mis compañeros tenían definida su identidad y sus objetivos, por lo que sus vidas irradiaban un brillo del que carecía la mía.

Por más que intentaba definirme a mí misma y qué trayectoria académica quería seguir, no atinaba a tomar decisiones rotundas acerca de ninguna de las dos cuestiones.

Lo cual me generaba vergüenza, al compararme con los demás, desilusión y la sensación de estar embarcada en una lucha sin tregua conmigo misma, en la que ninguna voz interior asomaba para dejar constancia del itinerario a seguir.

Recuerdo haber sufrido mucho por ello. Si no hubiera existido interés o capacidad, las posibilidades se hubieran acotado sustancialmente hacia la trayectoria laboral Seguir estudiando resultaba, por inercia, la opción más fácil; pero en tal caso ¿qué? y ¿para dedicarse a hacer qué? Resultaba una incertidumbre muy dolorosa que, además, no compartía con nadie.

Una vez pasada la edad entorno a la cual se supone que la adolescencia concluye, la claridad y la sensación de saberse alineada, desarrollando un deseo de “ser algo en la vida” no aparecieron tampoco.

Me sentía sin incentivos, sin habilidades específicas, sin ningún talento evidente, sin especial potencial en ninguna área y sin un interés concreto en desplegar alguna capacidad ni de tomar acción intencionada hacia ningún destino.

Cubiertas las necesidades básicas de supervivencia, estima y relación, cualquier otra aspiración me parecía un imposible al que había dejado de dirigirme.

Era desalentador, fui perdiendo la ilusión y las ganas de disfrutar. Me sentía fracasada, con un cansancio infinito, y, durante un tiempo, sin ganas de vivir, absorbida por pensamientos sombríos sobre mí misma.

Dicen los expertos que podemos llegar a tener más de 70.000 pensamientos al día sin ningún tipo de esfuerzo. Que eso es lo normal, visto que el “trabajo” de la mente es producir pensamientos.

No obstante, el pensamiento llamado “mente de mono” o pensamiento caótico -ese que te lleva a vagabundear de un pensamiento a otro, como si fuera un mono de rama en rama, y terminas por no saber en qué estabas pensando al principio o para qué entraste a una habitación tan solo 20 segundos antes de hacerlo- no es la tendencia natural de la mente.

Y lo curioso es que la mente no sólo salta de pensamiento en pensamiento sino que por el camino se recrea creando todo tipo de interpretaciones subjetivas. Lo cual entorpece nuestro bienestar por el hecho de que nuestros pensamientos son los responsables de nuestras emociones. Así que la calidad de los pensamientos que tenemos determina la de nuestros estados de ánimo y, por ende, acciones.

Hay herramientas para controlar pensamientos y emociones, para silenciarlos, para intensificarlos, para cambiarlos, para observarlos desde la distancia, para explicarlos, etc.

Y es una gran bendición que así sea. Aunque no soy experta en ninguna de esas técnicas, he experimentado y, sigo haciéndolo, con varias de ellas.

Sin embargo, en mi caso particular, ninguna me ha ofrecido alivio respondiéndome a la pregunta de porqué algunas personas parecen vivir una vida de bienestar, facilidad, fluidez y otras no.

Hasta que asistí al curso sobre Propósito de vida y me percibí, por primera vez en mucho tiempo, entre iguales, constatando que en el mundo habitaban más personas como yo, perdidas personal y profesionalmente.

Unas estaban desempleadas, otras  tenían la inquietud de dedicarse a alguna cosa distinta, otras no estaban para nada conformes con lo que hacían. Con miedo, con dudas, con una fuerte impresión de falta de sentido y de necesidad de hacer algo diferente sin saber muy bien qué cosa.

En ese curso aprendí nuevas y fascinantes informaciones como que todo (absolutamente todo) lo que existe en el mundo tiene un sentido, una intención, una misión o propósito.

Con los objetos, como la pantalla a través de la cual leer este texto, resulta evidente que es imprescindible que para que esté en el mundo, antes tuvo que surgir la necesidad de poder escribir y leer textos en un dispositivo electrónico, con todas las ventajas que eso puede conllevar respecto del lápiz y papel.

Muy a grosso modo: alguien tuvo esa necesidad, la ideó, imaginó o proyectó en su mente y después la plasmó en la realidad.

Lo mismo con las profesiones, el oficio de fontanero existe porque antes hay una necesidad que cubrir: la de instalar tuberías, reparar grifos, etc.

Con otro tipo de manifestaciones físicas, a mí no se me había pasado por la cabeza pensar que si existían era porque tenían un propósito y que, de no tenerlo, no estarían físicamente en el mundo: las piernas porque en algún momento tuvimos la necesidad de desplazarnos erguidos, el trigo para alimentarnos, el cansancio para que hagamos una alto y descansemos, las dificultades para que saquemos capacidades y estrategias que ignoramos que poseemos, etc.

Lo que más me impactó fue la noción de que la vida humana y, claro, la mía en particular también, pudiera tener una finalidad determinada; que había nacido para desempeñar una misión que nadie más podía desempeñar en mi lugar y que, además, contaba con una serie de habilidades y valores innatos –aunque no fuera consciente de ellos- para llevarla a cabo con eficiencia y que, al hacerlo, mi vida me resultaría totalmente coherente, motivadora y apasionante, puesto que estaría entregándole al mundo lo mejor de mí misma.

¡Guauuuuu! Podía ser cierto o no, creerlo o no, pero la verdad es que con tan sólo abrirme a esa posibilidad en mí se produjo un cambio y mi vida empezó a tenr el sentido que hasta entonces no le había encontrado.

La verdad es que visto desde el lugar en el que estoy ahora tenía completo sentido, pues ya iba a ser raro que si todo en el Universo tenía una misión o propósito para existir, porqué no iba a tenerla yo también (luego he aprendido acerca de eso, del ego, de que tanto la soberbia como la baja autoestima vienen a ser lo mismo, sólo que en extremos opuestos de un péndulo. Y, por supuesto, su utilidad ha tenido en mi vida).

Sin tener aún siquiera certeza de hacia dónde derivaban mis posibles dones y talentos esa información infundió un equilibrio, un orden, una ilusión y un norte olvidados para mí.

Con las visualizaciones efectuadas en el curso descubrí, para mi asombro, en qué momentos de mi vida estaba poniendo de manifiesto esas capacidades especiales que me hacían disfrutar y con las que no se me había ocurrido que podía ganarme la vida.

¡Al fin sabía qué deseaba hacer! No puedo explicar con palabras el antes y el después que marcó ese conocimiento en mi interior en aquel instante (y pasito a pasito también en mi exterior).

 Y no únicamente “en abstracto”, mediante la introspección y potentes ejercicios de visualización, sino que salí del curso con una idea clara de cuál era incluso el primer paso que tenía que dar para encaminarme, de forma genérica, hacia ello.

La falta de conciencia, de claridad y la sensación de fracaso se disiparon aquel día. Y la vida empezó a cobrar un sentido nuevo, ilusionante y fresco para mí.

 No te voy a decir que a partir de entonces todo ha sido fácil, que siempre me he mantenido en ese estado de pasión y que enseguida me puse a desempeñar esa actividad a través de la cual puedo ofrecer mi contribución a la sociedad y al mundo a la cual mi ser interior me impulsa (y que también visualicé en el curso), porque no es cierto.

 Ha habido momentos difíciles también después, debiendo desvelar y trabajar aspectos de mí misma para poder desbloquear mi falta de iniciativa, de autoestima, de valor personal e ir siendo quien he venido a ser .

Y la ayuda de mentores como Josep, Iván, Delia, Tere, Candela, Isabel, Gustavo y Lúar me ha resultado tremendamente útil para andar ese camino acompañada.

Pero es algo que también aprendí en el curso y he ido aplicando con más o menos efectividad: a no volver a hundirme con las dudas, a no sufrir cuando mi mente me dice que debería estar actuando, pero mi cuerpo no va hacia esa acción.

 Puedo sentirme mal, pero, ahora sí, oigo mi voz interior que me recuerda que la consecución del propósito no es una meta, sino un camino y que esté tranquila, que la vida siempre me está apoyando cuando confío en ella (o en mí, que es lo mismo) y que la decisión correcta llega sola.

Cuando estoy lista para andar el siguiente paso, el impulso para actuar sale solo, sin esfuerzo, sin dudas. Sin necesidad de análisis, de cálculo, de sopesar y descifrar si los resultados serán o no los adecuados.

He aprendido, a base de práctica, que es menos agotador y tiene más garantía de éxito ordenar mi interior y sacar creencias y emociones inconscientes que ya no me sirven que actuar en el exterior.

Y gracias a todo ello, hoy estoy escribiéndote este artículo. Teniendo la certeza de cada una de las anteriores actividades que he realizado, los conocimientos que he aprendido, las aficiones que me han interesado no han sido un error o una equivocación, pues todo ello han sido los perfectos para llegar hasta aquí hoy.

Y el camino sigue…

¿Qué se puede hacer para dejar de ir en piloto automático por la vida y saber qué ha venido uno a dar?

 Bueno, por ahora, puedes empezar por coger lápiz y papel y anotar las respuestas a las siguientes preguntas, que te darán pistas valiosas.

Las respuestas son indicios que apuntan a identificar los dones que traes de serie para llevar a cabo tu misión de vida.

  • ¿Qué haces en tu tiempo libre? ¿Qué te gustaría hacer si tuvieras más tiempo libre?
  • ¿De qué te das cuenta antes que los demás? ¿Qué te llama la atención cuando algo no funciona correctamente?
  • ¿Qué te resulta fácil?
  • ¿Sobre qué te encanta aprender, hablar? ¿Qué libros lees habitualmente por tu cuenta? ¿Qué programas te motiva ver? ¿Qué te interesa hacer?
  • ¿Qué cosas destaca o halaga en ti la gente que te rodea? ¿Qué es lo que quieren o necesitan de ti? ¿Para qué te buscan normalmente?
  • ¿Qué personas -de tu vida, líderes mundiales, figuras históricas o famosas, etc.- constituyen una fuente de inspiración para ti? ¿Qué cualidades, características o acciones específicas de estos personajes te encantaría tener, imitar?
  • ¿Qué harías si no tuvieras miedo y tuvieras el éxito garantizado de antemano? ¿En qué trabajarías?
  • ¿Qué te encanta hacer hasta el extremo de que lo harías gratuitamente, como pasatiempo?

 

Te paso,además, este fragmento del contenido  del curso sobre propósito, valiosísimo para mí (lo reescucho aún de vez en cuando).

Confía en el propósito de cuanto te sucede

¡Ojalá algo de todo esto te ayude tanto como a mí y a otras tantas personas alrededor del mundo!

Encontrarle sentido a la vida es una aventura fascinante, ¡no te conformes con menos!

 

Cristina Gil Rigall

 

 

“Busquemos lo que la vida espera de nosotros y nos reclama continuamente … para cumplir nuestra misión”. 

Victor Frankl

 

 

¿POR QUÉ A MÍ?

Cuando uno ve el sufrimiento que existe en el mundo y, más concretamente, el que experimenta en su propia vida no acierta a dar con una explicación satisfactoria que apacigüe el sufrimiento que causa no entender cómo es posible que la vida constituya -también- toda suerte de infortunios y calamidades: enfermedad, escasez, violencia, egoísmo, desastres naturales, tiranía, engaño, suicidio, guerra… ¿Pero cómo es posible? ¿Quién lo permite? ¿Tiene sentido? Y en mi caso, como en el de muchos otros ¿Por qué parece que los demás pueden seguir adelante con sus vidas con más o menos éxito sin precisar entender, hallar un porqué ? ¿Qué funciona mal en mí para no poder obviar tal caos y vivir una existencia feliz?

Y te sientes solo, te sientes diferente, te sientes separado, te sientes torpe, te sientes culpable, te sientes muchas cosas que juzgas negativas… Y te sigues preguntando porqué. Y para poder seguir adelante necesitas encontrar paz. Por lo que buscas. Buscas desesperadamente respuestas por todas partes: en la religión, en la filosofía, en la ciencia, en la educación, en la meditación…dónde sea, lo que sea, quien sea, pero algo o alguien que, por favor, apacigüe esta sed tormentosa de descubrir el “porqué”.

Y, cuando buscas, cuando deseas algo de corazón, aunque sólo sea con la mera intención, la Vida siempre encuentra la manera de que tropieces con ello, de concedértelo; y esto es así siempre, por principio, es Ley Universal; eso sí, con sus pautas de funcionamiento específicas que es necesario conocer para poder fluir con ellas. En función del grado de consciencia o de atención que poseas, vas dándote cuenta de ello y puedes disfrutarlo, generando resultados internos de felicidad, armonía y paz, así como externos de salud, prosperidad, relaciones satisfactorias, etc. Pero cuando aún ignoras que eso existe, entonces lo atribuyes a la casualidad, a la suerte, a la gracia…

En mi camino, progresivamente, he ido aprendiendo cuestiones básicas acerca de quién soy realmente y acerca del funcionamiento del mundo en el que vivo. Y he ido advirtiendo asombrada que desconocía por completo las reglas del juego de la vida, unas reglas que ahora me parecen básicas, fundamentales para poder jugar la partida en condiciones, y que nada tienen que ver con lo que había aprendido que necesitaba para poder vivir plenamente.

Aprendí nuevos datos, fui recopilando información que no había adquirido en la escuela, ni en el instituto ni en la universidad; ni tampoco en mi hogar o entre mis amigos. Fueron llegando a mí nuevas personas y nuevas herramientas que iban proporcionándome luz: estudié que ni soy sólo un cuerpo físico que conoce a través de sus sentidos ni tampoco únicamente un cuerpo mental que piensa, razona, reflexiona y cree cosas. Averigüé que además soy un cuerpo emocional que siente emociones y sentimientos en relación al resto de mis cuerpos, y no de manera arbitraria e independiente de ellos como siempre me había parecido. Supe que soy energía y qué ésta circula por mi cuerpo de una manera específica y con una funcionalidad y que, igualmente y, por encima de todo, soy un cuerpo espiritual.

Por fin entendía y encontraba respuestas. Y eso, durante un tiempo, trajo cierta paz a mi vida. Pero, con el tiempo, nuevamente, me di cuenta de que había asuntos que seguían sin obtener respuesta, que lo que hacía a menudo era un ejercicio de fe: intelectualmente aceptaba lo que escuchaba o leía, y me parecía cierto, tenía lógica, estaba de acuerdo. Pero la verdad era que aún, en cierto modo, especulaba y no podía conciliarlo con la realidad del mundo porque, aunque sí , ciertamente, mi mente lo comprendía, sin embargo yo continuaba sintiendo dolor, remordimiento, rabia, rivalidad, culpa, rechazo, etc. Y me sentí otra vez vacía, sin herramientas en las que asirme para vivir en la estabilidad. Quizás de un modo aún peor que al principio de mi peregrinaje. Ahora sabía, teóricamente al menos, quién era y lo que significaba la vida humana pero parecía que eso entraba en contradicción con lo que sentía. Mi pensamiento iba en una dirección y mi sensación por otra.

Y, entonces, llegaron a mi vida Josep Soler y su Medicina del Ser®. Y fue maravilloso, jamás podré olvidar esa sensación de claridad infinitas, porque finalmente sentí que ya sí, ya había culminado mi búsqueda. Y por fin, además de saber, experimenté; además de conocer, sentí. Sentí “el clic” que la Medicina del Ser te conduce a encontrar cuando buscas sentido a cualquier cosa que vives. Y el Universo y todo lo que él contiene, incluida mi vida, empezó a cobrar equilibrio.

Hallé lo que en ningún otro método en los que había buceado previamente había obtenido: percatarme realmente de corazón, no sólo con la mente, que siempre había estado buscando en la dirección que no correspondía: tanto en el espacio, afuera de mí, como en el tiempo, hacia el pasado. Y finalmente puede vislumbrar el porqué de algo con todo mi ser alma: el porqué había estado buscando en esa dirección aparentemente errónea.

Y aprendí asimismo que más interesante y eficiente que el ¿por qué? era interrogarse por el ¿para qué?

Pongamos por caso una enfermedad. ¿Cuál es la causa de un resfriado común? Creo que, según la medicina académica, la presencia de ciertos virus contagiosos en el aparato respiratorio. Bien. Pero… ¿Cuál es la causa de esa causa? Es decir, ¿Qué causa que ese virus esté presente en mi cuerpo y produzca ciertos síntomas y no afecte, por ejemplo, a algunos de mis compañeros de trabajo o personas con la que convivo, a pesar de ser descrito como contagioso? Parece ser que un sistema inmunitario debilitado. Ajá… Luego entonces, la causa real, estrictamente hablando, no sería el virus patógeno sino mi sistema inmunológico. La decisión, pues, de atribuir como causa del goteo presente en mi nariz parece un error ¿no?. Sigamos ¿Y qué causa tal deficiencia en mis defensas corporales que causa que un virus me cause los síntomas que definimos como “resfriado”? Aquí el abanico de factores causantes se amplifica, con lo que el hallazgo de “la” causa se vuelve cada vez un ejercicio cada vez más complejo: hay causas ambientales, como el frío, el calor, la humedad; hay causas alimenticias; incluso hay causas que son al mismo tiempo consecuencias, como el cansancio o la presencia de una infección, con lo que parece que la pescadilla se muerda la cola y uno no sepa qué pudo ser antes, si el huevo o la gallina.

Y así podríamos seguir investigando la causa de la causa hasta retrotraernos infinitamente a un origen inicial de todas las causas. ¿Por qué a mí me afecta el clima al tener las defensas bajas y a otro, exactamente en las mismas condiciones que yo, no? ¿O porqué en relación a mí mismo, en ocasiones sí y en otras, aparentemente las mismas, no? ¿O por qué ese mismo sistema inmunitario deficitario atrae a mí la presencia de ciertos virus en mi nariz unas veces y otras, sin embargo, los presenta, por ejemplo, en mi piel en forma de hongos?

Con este proceso de buscar la causa, el porqué o uno deja de analizar en un momento dado o termina en el Bing o Bang (aunque, con rigor, debería seguir preguntándose más allá para alcanzar un punto final congruente).

Con la causa de cualquier situación presente en mi vida, acontece lo mismo. ¿Qué causa que en un momento dado de mi vida –o de continuo- sufra, por ejemplo, maltrato? ¿La mala suerte? ¿la ignorancia? ¿la injusticia? ¿el karma? ¿el azar? Elijamos la que elijamos en función de nuestras creencias, algunos necesitaremos necesariamente preguntarnos la causa de esa causa. Con ello, algunos encontraremos alivio en un nuevo origen o porqué; sin embargo, otros –cada vez los más- pondremos el foco en otro distinto. Y unos obtendrán alivio, pero otros tantos no descubriremos en ningún mecanismo de pensamiento un porqué que pueda resultar servible, sin que otro porqué asome inmediatamente en el escenario y sea suficiente y viable.

En Medicina del Ser he aprendido muchas cosas para andar con paso firme hacia una vida consciente, cada vez más alejada del sufrimiento, de la incomprensión, del error o la culpa. Algunas ya las había encontrado por el camino, por lo que no resultaron nuevas, y otras han supuesto toda una revelación. Pero, por primera vez en cualquier parte, las encontré todas unidas en el mismo método, transmitidas, además, de una forma muy sencilla y amena. Para mí, las más útiles y prácticas han resultado ser las siguientes :

  • la indiferenciación entre yo y cuanto me rodea (el todos somos Uno o no dualidad);
  • que lo bueno y lo malo no son exactamente reales como creo, sino sólo percepciones mías (no-dualidad y polaridad)
  • el concepto de la responsabilidad (la causa de que todo cuanto vivo no se parte del exterior, sino que emana de mí mismo. No soy una pobre víctima);
  • que, por lo tanto, soy el creador de todo lo que que aparece en mi cuerpo, en mis relaciones, en mi vida y en el mundo, lo que me confiere un poder ilimitado (la divinidad no está fuera de mí en los cielos o cualquier otro emplazamiento, sino que YO SOY un ser divino, co-creador de mi realidad, por lo que no necesito intermediarios para lograr lo que deseo; sólo preciso alinearme con ello);
  • la no linealidad del tiempo (el pasado no es estático y se puede transformar aquí y ahora, del mismo modo que existen miles de posibilidades para mi futuro que van construyéndose con cada elección, con cada sensación, con cada pensamiento);
  • y la, más trascendental en mi opinión, la que justifica la existencia de mi cuerpo espiritual: el propósito de cuanto sucede en general y , en especial, el propósito o intención de que yo exista.

Así que, por fin he comprendido y he decidido dejar atrás, en la Vieja Era, el Porqué.

Sí tú también estás empeñado en comprender, en conciliarte con la vida, te aseguro que puedes. Puedo yo y tú también puedes. En realidad, lo verás en algún momento, estás aquí justamente para eso, para lograrlo. Los automatismos adquiridos van a querer llevarte siempre atrás, a que regreses a tu estado anterior (de inmenso dolor, de crítica, de juicio, de acusación, de incomprensión, etc) o que te mantengas en ellos, en la comodidad de lo viejo (aunque sea fuente de sufrimiento para ti). En, como decimos ahora, tu zona de confort.

Sólo mantente en la tenacidad inquebrantable de querer ser consciente para llegar a instalarte, un día, en la vida plena que te corresponde por derecho natural. No como meta a alcanzar y abandonar, sino como camino, como trayecto que ir recorriendo mientras dura tu existencia aquí. Si sientes que no puedes, que no lo logras, necesito decirte que, así tal cual con lo que piensas y sientes ahora mismo, lo estás haciendo realmente bien (en realidad siempre lo estás haciendo bien, aunque aparente lo contrario). Y que si aún no consigues ver con amor, con confianza cuanto experimentas, pronto lo harás, confía (incluso aunque sientas que no puedes) porque sé bien dónde te encuentras, y lo sé porque -como he intentado explicarte aquí- yo misma, como tantos otros iguales que tú y que yo, también hemos estado justo ahí, atravesando ese lugar.

Como cada cosa nueva que te hayas empeñado en aprender a lo largo de tu vida (un idioma, un deporte, una receta de cocina, una persona ….) no es que sea “difícil” es sólo, como dice mi buen amigo Rafael, que es “nueva” y que, por tanto, requiere de tu tenacidad, de tu empeño, de que te mantengas firme en tu propósito, a pesar de los obstáculos que puedan presentarse y que parezcan querer engullirte como una ola feroz.

Así que, por favor, mantente firme en la intención de adquirir una nueva manera de ver y estar en el mundo o una nueva consciencia. Por favor persevera porque, a pesar de que puedas no saberlo o no entender cómo, a la par que el resto del mundo, ya estamos cumpliendo todos con nuestro Propósito de Vida, y estás, como ves, atrayendo a ti el modo de hallar comprensión.

 

Texto: Cristina Gil Rigall

Foto: Delia Govantes Romero

Medicina del Ser®

 

EL RITMO DE LA VIDA

La vida tiene un ritmo, una oscilación natural. Las estaciones del año se suceden una tras otra, el día contiene día y noche, luz y oscuridad. Las olas vienen y van, acompañan la marea que sube y baja. El cuerpo también se expande y contrae al ritmo respiratorio y se abre y se cierra cada pocos segundos al ritmo cráneo-sacral.
De forma natural un polo sucede al otro en perfecta armonía, hasta que de pronto aparece una opinión, un juicio de nuestro hemisferio racional. Juzgamos que un polo o una cara es mejor que otra y así decidimos, por ejemplo, que el día es mejor que la noche. Así se inicia una lucha no sólo contra el ritmo natural del cuerpo sino contra el ciclo de la vida que lleva ese mismo ritmo. Si negamos el movimiento natural entre arriba-abajo, fuera-dentro, exteriorizar-interiorizar, alegría-tristeza, risa-llanto, razón-emoción… nos resistimos al fluir natural de la vida y no dejamos que se exprese a través de nosotros. Queremos imponer nuestra voluntad y dirigir nuestro estado y el resultado es que la vida no se puede dirigir ni controlar.
Estar vivo significa moverse y nuestra vida está sujeta al movimiento entre extremos. En ocasiones nos vamos a sentir vulnerables en los límites o extremos de esos ciclos, es decir, cuando estamos en lo más alto o lo más bajo, que es donde estamos más alejados de nuestro centro. La naturaleza de ese constante movimiento ondulatorio “dentro-fuera” nos puede crear ciertas dudas y en esos momentos por miedo, inseguridad o confusión es fácil que uno quiera resistirse a esa ondulación. No aceptar esa oscilación natural intentando aferrarse a los extremos va a producir mayor confusión, una inseguridad que se autoalimenta. Cuando uno está arriba e insiste en quedarse donde está, rechazando el movimiento vital, sin aceptar los ciclos de la vida, entonces la vida empieza a empujar hacia abajo con más y más fuerza. Si la resistencia al movimiento es muy grande, la fuerza de la vida empujando es igual de grande. Ahora es cuestión de tiempo, de lo que uno consiga aguantarle al pulso de la vida. La tensión puede llegar a un punto insostenible en el que parece que le agarran del cuello y tiran de él hacia abajo, de golpe hacia el fondo, precipitándose a gran velocidad. Lo que de forma natural hubiera sido un suave descenso, ahora es una caída en picado hacia la profundidad de la oscuridad; eso es lo que llamamos “caer en una depresión”.

La depresión

Cuando uno intenta escapar de ese movimiento natural y lucha contra el ir y venir de la vida es como si intentara impedir que llegara la noche, como si uno corriera sin parar siguiendo el sol para que no le alcanzase la noche. De pronto, exhausto y vencido, la noche le alcanza y todos sus miedos parece que cobran vida: es una de las ilusiones de la depresión, los miedos se hacen reales.
La depresión es una resistencia a mirar al propio interior, es el miedo a lo desconocido, a la muerte y la negación del cambio. Toman protagonismo los sentimientos estancados, con seriedad y gravedad extrema. Es ver la vida como una lucha perdida en lugar de una serie de circunstancias que apoyan el proceso de vida.
La depresión es resistirse a entrar a vivir una parte que juzgamos oscura. La depresión nos empuja hacia la soledad para que descubramos que no existe. Lo que llamamos depresión deberíamos llamarlo “resistencia a la depresión”; el sufrimiento de una depresión no la produce la parte que nos parece oscura, sino la tremenda resistencia que uno hace para no mirar a esa parte de si mismo.
No hay valles sin montañas, ni montañas sin valles. Podemos ver el mundo externo como la montaña y el valle como el mundo interno o la metáfora de la depresión. La vida incluye ambas cosas y hay personas que dan mucha atención al exterior y poco o nada al interior. Y es posible que las personas que se resisten a mirar hacia dentro o aceptar lo que sienten, arrastren también la sensación de que algo no va bien en sus vidas, y se nieguen a mirar qué es, qué pasa, que sienten y continúen esforzándose en mirar en dirección contraria. Esa parte interior desatendida va pesando cada vez más, es como un agujero negro cada vez más potente, hasta que tiene tanta fuerza que nos mete del todo en la depresión. Y si nos seguimos resistiendo podemos entrar en una depresión de mil demonios que parecerán de verdad.

Después del miedo no hay nada

El estado natural de la persona es paz y bienestar. Ese bienestar es un estado interior que no depende de las circunstancias externas; al contrario, son las circunstancias externas las que dependen de nuestro punto de vista y, de forma más amplia, de nuestro estado interior. Lo que ocurre por fuera, lo que llamamos “realidad”, es una manifestación externa de lo que creamos por dentro, que se manifiesta como un reflejo. Según nuestras creencias y nivel de conciencia, la experiencia de “realidad” aparece en una gama que puede ir desde éxtasis a la paranoia.

Cuando vivimos un acontecimiento y nos aparece una sensación que tomamos como desagradable no la queremos sentir y nos desconectamos de nuestro mundo interior. Nos resistimos a sentir nuestras emociones, los sentimientos de dolor, tristeza, rabia, frustración, amor, odio, desesperación o soledad. Parece que los acontecimientos externos nos arrastran y nos convertimos en víctimas de nuestra creación. Podemos utilizar estos acontecimientos externos para devolver nuestra atención hacia el interior, poniéndonos en contacto con nuestras emociones para sentirlas tal y como se presentan, que es una forma de aceptación.

“Si no estás dispuesto a aceptar lo que ha pasado –el acontecimiento externo- puedes cuidar y aceptar la sensación interna que te produce. Sentir y aceptar es la forma de conectar con nuestro interior. El sufrimiento es el resultado de intentar no sentir el dolor, apartando, reprimiendo o rechazando esos sentimientos.”

Tapando y reprimiendo los sentimientos impedimos que salgan completamente, que es la forma de interrumpir el movimiento natural dentro-fuera. Si nos permitimos sentir completamente la emoción o el sentimiento, dejando que nos lleve, el movimiento continúa. Pronto llega al fondo y empieza a transformarse; entonces el movimiento es hacia fuera. Si cuando tenemos una pena, en lugar de sentirla y darle la atención interior que nos pide, intentamos mirar hacia otro lado, hacia el exterior, distraernos, salir, ir al cine o de compras, el movimiento natural se interrumpe y empieza a generar tensión.

“Si la resistencia continúa llega un momento en que el dolor es tan intenso que no te permite mirar hacia otro lado y es tan profundo que te sumerge de tal manera que parece que no hay salida. Es como estar en medio de un pozo sin principio y sin final, sin luz y con un miedo terrible a caer. En el límite te puedes sentir paralizado revolcándote en lo más oscuro y bajo de ti mismo, en un lugar terrible donde jamás creías que podías llegar, y con un miedo atroz de ir un poco más allá.”

Si la atención al interior es nula o muy deficiente, el mundo interior toma una fuerza descontrolada y en el extremo el depresivo puede sufrir delirios y alucinaciones que son esas dimensiones interiores ocupando el exterior: se trata del mundo interior imponiendo su película en el mundo exterior.
Ese estado aparentemente inaceptable viene de alguna parte de la persona que está intentando expresar algo, una parte que no ha sido atendida, que no se ha sabido o querido atender y ahora se ha desbordado.

“Si estás ahí, ese es el límite, no hay más. Parece que cualquier cosa es mejor que dejarse caer, incluso la muerte y no es verdad. Aunque se haya desbordado y parece que te está destruyendo, aceptar que esa energía es tuya es transformador. Se trata de energía bruta, no es ni buena ni mala, y pide ser transformada para ser útil y darte su regalo”.
“Aún después de aceptar esa energía, puede que sigas con un miedo atroz de ir un poco más allá. Si sigues agarrado y con miedo a soltarte va a llegar un momento en el que no podrás más, fallarán las fuerzas y tendrás que abandonarte a la vida; así que en cualquier caso vas a tocar fondo, y ya que vas a tocar fondo mejor que sea con tu voluntad. En lugar de rechazar ese pensamiento terrible, trata de aceptarlo, haciéndote un poco más consciente de este proceso natural. Esto es lo más importante del proceso: es bueno saber que después del miedo no hay nada, NADA. Es como cuando enfrentas al monstruo en el sueño: Le puedes pedir un regalo. Así que no utilices la poca fuerza que te pueda quedar para agarrarte a lo conocido, utiliza la fuerza para empujarte hacia abajo, hacia lo desconocido. Confía, no temas ir más abajo, al llegar al fondo vas a transformarlo, a salir por el otro lado, vas a rebotar contra el suelo y pronto, siguiendo el curso natural de la vida, te encontrarás la superficie.”

La respiración consciente
La respiración consciente es una técnica para interiorizarse. Consiste en poner la atención en la respiración, sintiendo la entrada y salida del aire en alguna parte del cuerpo. Se puede notar el rozamiento del aire en las fosas nasales, el pecho, el movimiento del diafragma empujando el área abdominal, o en cualquier otra parte que se elija. La clave está en poner la atención en la respiración.

“Aún poniendo la atención en la respiración van a aparecer pensamientos y es posible que algunos que creas que son atroces. Lo que puedes probar y lo puedes hacer con todas tus fuerzas, como si te fuera la vida en ello es, que cuando aparezca un pensamiento, sea el que sea, sin juzgar el pensamiento, vuelvas a poner tu atención en la respiración, en el cuerpo. Una vez más aparecerán pensamientos y aunque puedas creer que son terribles, una y otra vez vuelves a poner la atención en tu cuerpo, en la parte física, que sigue estando ahí sin juzgar. Es la mente la que juzga, no el cuerpo. Devuelve la atención una y otra vez a la zona del cuerpo donde puedas notar la entrada y la salida del aire o más adelante en las zonas donde sientas movimiento. Observa la quietud de tu cuerpo y observa también ese movimiento interior sin juzgarlo. Retira la atención de tu tormenta mental y suavemente devuélvela a tu respiración.”

Si nos levantamos un día bajo de ánimos, sin ganas de nada, o con ganas de interiorizarnos, de estar solos, no tenemos porqué vivirlo como un problema. Los días que está llueve o está nublado son también parte de la vida y tienen su propia belleza. Vívelo, exprésalo, “¡estoy bajo de ánimo y no pasa nada!”. Los días soleados no son mejores que los nublados, ni al revés. Lo importante es mantenerse consciente de nuestro estado, de nuestras emociones y vivirlas sin juzgarlas. El sol está siempre ahí, aunque esté nublado.

La diferencia entre una persona deprimida y una inspirada es el juicio del propio autor sobre su creación. El primero cree que su obra es terrible y quiere esconderla, el segundo que es sublime y quiere expresarla. El primero crea un infierno, el segundo una obra de arte. Si estás viviendo un estado que está en la gama depresión-inspiración, no importa el nombre que le pongas, es la vida empujando para expresarse a través de ti. ¿La dejas pasar y expresarse?

 

® Josep Soler Sala.
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Libertad

Mi amigo Josep Soler me enseñó a leer el lenguaje oculto de la vida. No creo dominarlo, pero al menos estoy más atento a sus mensajes y eso ya es mucho.
Dice Josep que la vida nos habla todo el tiempo, y de muchas formas. ¡Parece broma, pero cuando observas, es cierto!
Sin afanes brujos, que la superstición me va muy mal, encuentro un eco de estas enseñanzas en muchos conceptos de Carl Jung. La aceptación de que el mundo o incluso el universo, es una unidad integrada en la que todo está relacionado. El tema es abrir los sentidos para observar y la mente para entender e interpretar.
¡Cada día hay signos visibles a nuestro alrededor, mensajes clave en cada esquina! Es sólo que vamos como burros con tapaojos, sin ver nada.
La vida habla, y habla fuerte y claro.
A veces desde un letrero en la calle, a veces desde tu cuerpo, con un síntoma. Lo importante es abrirnos a esa sabiduría divina y manifiesta, escuchar… ¡Observar!
Los mensajes son sutiles, otras veces son brutales, espectaculares como producciones de Cecil B de Mille.
Dos referencias… Voy a mi cita al médico y el tráfico me tiene retrasado una hora. Ya no llegué a la cita, estoy a unas cuadras, pero ya no llegaré. Voy a llamar para disculparme y reagendar cuando veo un anuncio que dice:
– “¡Nunca es tarde, para hacer ese viaje que has soñado!”
Ahora sé que no es coincidencia, es sincronía. Nunca es tarde, es el mensaje. Continuo el camino al doctor y me encuentro la sala de espera vacía y el doctor entrando conmigo. Ambos estábamos estancados en el tráfico.
Estas cosas suceden todo el tiempo, y sólo quien se adentra en estos misterios las va identificando y además va encontrando cada vez más mensajes en todo. Resulta fascinante al tiempo, pues compruebas que efectivamente funcionan así las cosas, la vida habla continuamente, parece querer ayudarnos todo el tiempo… Y sin embargo… Vamos sordos y distraídos, tropezando torpemente e ignorando las señales.
Voy a contar una de las otras, de esas señales de gran formato que nos dejan boquiabiertos por varios años.
Hace años me construí un bote casa. Una plataforma flotante con una cabina montada con todas las comodidades. La idea venía de una fantasía infantil, la balsa de Huckleberry Finn en el Mississippi.
El bote se llamaba “I Do” parodiando el yate fabuloso de Gail Winand en “El Manantial” aunque los amigos le llamaban cariñosamente La Panga.
Tenía el bote anclado en Valle de Bravo y ahí pasaba los fines de semana y más, escribiendo y escuchando música en el aislamiento del lago, entre el sol el agua y el viento.
Una tarde lluviosa, dejé el barco en el muelle y tomé el coche para ir a cenar al pueblo. Anochecía y la bruma creaba un efecto fantasmagórico con las luces.
Ya cerca del pueblo, llamó mi atención un enorme caballo blanco que venía galopando majestuosamente por la carretera, sus crines y cola ondeaban contra las luces de los vehículos cinematográficamente.
Me detuve, pues el magnífico animal venía de frente y esperé a un lado para evitar un encuentro, pues no parecía dispuesto a detenerse. El potro pasó a mi lado, el redoble de sus cascos cimbró el piso y el auto y juro que incluso dejó a su paso ese olor característico de los caballos, para perderse en el espejo retrovisor en su carrera. Recuerdo que pensé: ¡Este caballo valdrá una fortuna! Alguien va a pasar la noche buscándolo
Seguí al pueblo, cené tranquilamente mientras leía y hacia medianoche regresé al muelle para abordar el bote y anclarme a medio lago, sin embargo me esperaba una sorpresa poco agradable… Hacía frío, lloviznaba y la niebla no cedía, pero lo peor? ¡El barco no estaba en el muelle!
No recordaba haberlo amarrado, simplemente lo dejé apoyado contra el muelle, el viento soplaba por el otro lado, y olvidé atarlo, pequeña distracción. El viento cambió, y mi barco andaba a la deriva como un fantasma por el enorme lago, bajo una niebla digna de Alan Poe. ¡A ver quién lo encuentra!
No abundaré más en detalles, tomé un bote pequeño y una linterna y en compañía de Agustín, mi amigo y dueño del muelle, salimos a buscar al I Do en los alrededores. ¡Nada! Se lo había tragado el lago.
Fue varias horas más tarde, en la orilla opuesta, donde vimos un reflejo en medio de la bruma. Nos acercamos y entonces fue más clara la silueta y el ruido de una campana que colgaba en la cabina. Estaba encallado en la orilla, meciéndose suavemente con el oleaje.
¡Lo encontramos Don Alberto! Me dijo Agus, contento y cansado de andar por el negro lago, como Caronte en la Divina Comedia. Salté al barco para encender motores, para comprobar que estaba bastante atorado en el lodo de la orilla y era necesario empujarlo desde tierra. Sin ganas metí las botas en el lodazal y empecé a empujar el casco, cuando me advierte Agustín: ¡Cuidado don Alberto! Un caballo enorme de más de dos metros de alzada se acercaba corriendo, resoplando vapor como una fiera embravecida.
Quedé estático y mudo ante la majestuosidad de la noble bestia que llegó exactamente a donde me encontraba, sacudiendo la cabeza y las crines, con las patas metidas en el lodazal. Era el mismo semental que había encontrado por la carretera unas horas antes, ahora en una dirección muy lejana de donde le había visto. Inexplicable sincronía.
Solté el barco y antes de subir en él, me atreví a darle unas palmadas precavidas al corcel, que se dejó hacer y de pronto arrancó a todo galope, perdiéndose en la niebla y la noche.
Navegando tranquilamente de regreso, con los motores en baja y viendo la suave estela que dejaba el barco en el agua, escuché decir a Agustín que se calentaba las manos con el aliento: !Qué raro todo, don Alberto… Qué raro…!
El comenzó a contarme historias escalofriantes de aparecidos y demonios que asumían forma de chivo o de perro, mientras yo pensaba en la sincronía extraordinaria que había ocurrido. El potro blanco extraviado en la noche, mi barco blanco extraviado esa misma noche, se habían encontrado en un vértice imposible de la realidad. ¡Y yo con ambos! ¿Cuál era el sentido? ¿Habría un mensaje oculto? ¡Desde luego! No era la primera vez que me ocurrían esas cosas.
El mensaje era uno y simple, la majestuosidad de la libertad que desconoce brida y ancla, es en ese camino donde se encuentra lo que se necesita.
Así, o más claro?

Alberto Lastra

Si quieres volar, entonces elévate

descarga

“Aquellos que triunfan nunca abandonan y los que abandonan nunca triunfan”

La conocí en un albergue en una despedida de soltera. Tenía una mirada brillante de luz infinita y una enorme tristeza que inundaba su corazón.

Llevaba mes y medio sin poder andar  una de mis queridas hermanas dijo “eso te lo arregla mi hermana que es fisioterapeuta”, como si yo tuviera un varita mágica. Claro, una vez en el escenario pensé vamos a ver ese pie derecho porque si que era muy extraño que por un simple esguince grado II o bajo mi criterio grado I no pudiese apoyar y tuviese que usar muletas en descarga completa del pie.

Mientras le exploraba el pie,  ella comenzó a contarme cosas, es lo que tiene el tacto que es una vía directa a las emociones. Nos pusimos de pie y comenzó a caminar por la terraza con mis instrucciones y perfectamente. Luego nos  sentamos para resumir y recapitular lo que habíamos hecho, fue entonces cuando me fijé en su muñeca derecha, que también estaba vendada y ella empezó a enumerar un sinfín de lesiones todas en su parte derecha, me vino la pregunta clave, ¿que tal la relación con tu padre?. Ella no pudo hablar, comenzó a vomitar y vomitar, mi hermana me pedía que la ayudase, la abrazamos entre las dos, ella continuó hasta expulsar todo aquello que no  había podido tragarse.

Más tarde, de una forma natural, nos contó que había estado cinco años sin salir de su casa en el norte y que cuando había venido al sur a trabajar se cayó.

Esa tarde paseó y paseó por la playa paso tras paso, uno tras otro, caminando, avanzando y hoy aún no ha parado, su vida ha girado como un derviche, ha empezado a danzar con la vida y todo ha sido magia.

¿Qué ocurrió? Se permitió salir de su zona de confort y también de su zona de seguridad, luego de su zona de aprendizaje y cómo el que vuela por primera vez le faltaban recursos pero no importó, fuimos a buscarlos y vino la alegría, el sentido del humor, la empatía, la sorpresa y volvió a salir esta vez allá donde suceden los milagros.

Actualmente camina con su maravillosa sonrisa y mira esos años como algo lejano,  que le fue empujando por la rama hasta salir a volar.

 

“Lo que hace falta es comprender el miedo,

en lugar de rehuirlo, controlarlo, reprimirlo

o mostrar cualquier tipo de resistencia; 

esto significa observarlo, entenderlo y entrar

en contacto directo con él. Debemos aprender

a conocer mejor el miedo, no a escapar de él”.

Jiddu Krishnamurti

 

Abrazos desde el corazón

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En este segundo post tengo el honor de contar con la colaboración de Carlos Chaouen, poeta, cantautor pero sobre todo amigo del alma, gracias por estas palabras, gracias por elegirme para tu abrazo y gracias sobre todo por la compañía de tus canciones que siempre e conectan con lo mas profundo de mi ser, el amor.

El abrazo no es sólo lo que ocurre en el espacio exterior y se ve sino lo que sucede en el espacio interior de la persona, donde hay algo que se “toca” y se expone, en el  intercambio energético de dos corazones, de dos seres que sienten.

Dice Virginia Satir, psicoterapeuta, “Necesitamos 4 abrazos al día para sobrevivir, y 12 para crecer”. Y Marcus J. Felicetti, maestro de Yoga y terapeuta que “abrazar es una poderosa manera de sanación”.

Es sabido que un abrazo sostenido libera oxitocina y reduce cortisol, por lo general alivia la ira y los sentimientos de soledad, nos relaja, fomenta la empatía y ayuda a la comunicación.

Todos sabemos lo que es abrazar  y todos hemos tenido la experiencia del poder de un abrazo que milagrosamente nos hace sentir mejor, nos reequilibra. Un abrazo amoroso es la mejor terapia para un corazón.

Los abrazos de la infancia (y sus ligaduras con el afecto sentido en el cuerpo) determinan un modo de apego que se filtra a través no sólo de la piel. Hay quien dice que el primer abrazo te introduce en el mundo.

En el cuerpo adulto, el espacio vital que cada uno necesitamos es distinto. La frontera de la piel es variable en cada ser así como su sensibilidad. Compartir el espacio vital es compartir lo que algunos llaman cuerpo sutil, y compartir es dar y recibir, con lo que un abrazo pone en juego energías corporales sutiles que a veces se sienten como rubor, incomodidad,o plenitud, bienestar, paz…

Un abrazo prolongado suelta bloqueos y ansiedades. Esto queda demostrado en la vida cotidiana, o en terapias de grupo constantemente, y cómo ejercicio práctico cuando vayan a tratar un asunto delicado relevante, dense un abrazo de al menos un minuto.

Abrirse a un abrazo es también dejarse abrazar. El abrazo nos conecta más rápidamente con “el niño interior”. Todos merecemos ser abrazados, y gozamos con la experiencia, pero la sociedad que hace del cuerpo un objeto del capital no tolera bien los deseos de éste.

Pidamos abrazos, demos abrazos… Recuerden como en su infancia se abrazaban con sus amig@s , dando de verdad el corazón, y cómo incluso caminaban abrazados.

Una buena manera de seguir este sendero es ser nosotros mismos los que abracemos. Desde esa consciencia de que un abrazo no empieza ni termina, sino que como en un YIN/YAN o en una banda de Moebius, el abrazado y el abrazador se confunden, otorgándose mutuamente la libertad de abrazar la vida, plena, como es en cada ser, con aceptación, respeto y amor.

Cuando abrazo doy, soy, en el otro, todo lo imposible

cuando me abrazas, recojo, soy en mí, todo lo imposible.

Cuando nos abrazamos somos, el uno en el otro, todo lo posible.

Cada mañana abrace al mundo, porque el mundo con su luz infinita nos abraza eternamente; haga este ejercicio, sienta cómo el mundo le espera y le abraza con toda la creación, cada mañana. Luego abrace cada experiencia, y abrace la verdad con la que siente cada abrazo.

La energía oscura es el gran abrazo cósmico.

Un abrazo.

                      Juan Carlos