¿POR QUÉ A MÍ?

Cuando uno ve el sufrimiento que existe en el mundo y, más concretamente, el que experimenta en su propia vida no acierta a dar con una explicación satisfactoria que apacigüe el sufrimiento que causa no entender cómo es posible que la vida constituya -también- toda suerte de infortunios y calamidades: enfermedad, escasez, violencia, egoísmo, desastres naturales, tiranía, engaño, suicidio, guerra… ¿Pero cómo es posible? ¿Quién lo permite? ¿Tiene sentido? Y en mi caso, como en el de muchos otros ¿Por qué parece que los demás pueden seguir adelante con sus vidas con más o menos éxito sin precisar entender, hallar un porqué ? ¿Qué funciona mal en mí para no poder obviar tal caos y vivir una existencia feliz?

Y te sientes solo, te sientes diferente, te sientes separado, te sientes torpe, te sientes culpable, te sientes muchas cosas que juzgas negativas… Y te sigues preguntando porqué. Y para poder seguir adelante necesitas encontrar paz. Por lo que buscas. Buscas desesperadamente respuestas por todas partes: en la religión, en la filosofía, en la ciencia, en la educación, en la meditación…dónde sea, lo que sea, quien sea, pero algo o alguien que, por favor, apacigüe esta sed tormentosa de descubrir el “porqué”.

Y, cuando buscas, cuando deseas algo de corazón, aunque sólo sea con la mera intención, la Vida siempre encuentra la manera de que tropieces con ello, de concedértelo; y esto es así siempre, por principio, es Ley Universal; eso sí, con sus pautas de funcionamiento específicas que es necesario conocer para poder fluir con ellas. En función del grado de consciencia o de atención que poseas, vas dándote cuenta de ello y puedes disfrutarlo, generando resultados internos de felicidad, armonía y paz, así como externos de salud, prosperidad, relaciones satisfactorias, etc. Pero cuando aún ignoras que eso existe, entonces lo atribuyes a la casualidad, a la suerte, a la gracia…

En mi camino, progresivamente, he ido aprendiendo cuestiones básicas acerca de quién soy realmente y acerca del funcionamiento del mundo en el que vivo. Y he ido advirtiendo asombrada que desconocía por completo las reglas del juego de la vida, unas reglas que ahora me parecen básicas, fundamentales para poder jugar la partida en condiciones, y que nada tienen que ver con lo que había aprendido que necesitaba para poder vivir plenamente.

Aprendí nuevos datos, fui recopilando información que no había adquirido en la escuela, ni en el instituto ni en la universidad; ni tampoco en mi hogar o entre mis amigos. Fueron llegando a mí nuevas personas y nuevas herramientas que iban proporcionándome luz: estudié que ni soy sólo un cuerpo físico que conoce a través de sus sentidos ni tampoco únicamente un cuerpo mental que piensa, razona, reflexiona y cree cosas. Averigüé que además soy un cuerpo emocional que siente emociones y sentimientos en relación al resto de mis cuerpos, y no de manera arbitraria e independiente de ellos como siempre me había parecido. Supe que soy energía y qué ésta circula por mi cuerpo de una manera específica y con una funcionalidad y que, igualmente y, por encima de todo, soy un cuerpo espiritual.

Por fin entendía y encontraba respuestas. Y eso, durante un tiempo, trajo cierta paz a mi vida. Pero, con el tiempo, nuevamente, me di cuenta de que había asuntos que seguían sin obtener respuesta, que lo que hacía a menudo era un ejercicio de fe: intelectualmente aceptaba lo que escuchaba o leía, y me parecía cierto, tenía lógica, estaba de acuerdo. Pero la verdad era que aún, en cierto modo, especulaba y no podía conciliarlo con la realidad del mundo porque, aunque sí , ciertamente, mi mente lo comprendía, sin embargo yo continuaba sintiendo dolor, remordimiento, rabia, rivalidad, culpa, rechazo, etc. Y me sentí otra vez vacía, sin herramientas en las que asirme para vivir en la estabilidad. Quizás de un modo aún peor que al principio de mi peregrinaje. Ahora sabía, teóricamente al menos, quién era y lo que significaba la vida humana pero parecía que eso entraba en contradicción con lo que sentía. Mi pensamiento iba en una dirección y mi sensación por otra.

Y, entonces, llegaron a mi vida Josep Soler y su Medicina del Ser®. Y fue maravilloso, jamás podré olvidar esa sensación de claridad infinitas, porque finalmente sentí que ya sí, ya había culminado mi búsqueda. Y por fin, además de saber, experimenté; además de conocer, sentí. Sentí “el clic” que la Medicina del Ser te conduce a encontrar cuando buscas sentido a cualquier cosa que vives. Y el Universo y todo lo que él contiene, incluida mi vida, empezó a cobrar equilibrio.

Hallé lo que en ningún otro método en los que había buceado previamente había obtenido: percatarme realmente de corazón, no sólo con la mente, que siempre había estado buscando en la dirección que no correspondía: tanto en el espacio, afuera de mí, como en el tiempo, hacia el pasado. Y finalmente puede vislumbrar el porqué de algo con todo mi ser alma: el porqué había estado buscando en esa dirección aparentemente errónea.

Y aprendí asimismo que más interesante y eficiente que el ¿por qué? era interrogarse por el ¿para qué?

Pongamos por caso una enfermedad. ¿Cuál es la causa de un resfriado común? Creo que, según la medicina académica, la presencia de ciertos virus contagiosos en el aparato respiratorio. Bien. Pero… ¿Cuál es la causa de esa causa? Es decir, ¿Qué causa que ese virus esté presente en mi cuerpo y produzca ciertos síntomas y no afecte, por ejemplo, a algunos de mis compañeros de trabajo o personas con la que convivo, a pesar de ser descrito como contagioso? Parece ser que un sistema inmunitario debilitado. Ajá… Luego entonces, la causa real, estrictamente hablando, no sería el virus patógeno sino mi sistema inmunológico. La decisión, pues, de atribuir como causa del goteo presente en mi nariz parece un error ¿no?. Sigamos ¿Y qué causa tal deficiencia en mis defensas corporales que causa que un virus me cause los síntomas que definimos como “resfriado”? Aquí el abanico de factores causantes se amplifica, con lo que el hallazgo de “la” causa se vuelve cada vez un ejercicio cada vez más complejo: hay causas ambientales, como el frío, el calor, la humedad; hay causas alimenticias; incluso hay causas que son al mismo tiempo consecuencias, como el cansancio o la presencia de una infección, con lo que parece que la pescadilla se muerda la cola y uno no sepa qué pudo ser antes, si el huevo o la gallina.

Y así podríamos seguir investigando la causa de la causa hasta retrotraernos infinitamente a un origen inicial de todas las causas. ¿Por qué a mí me afecta el clima al tener las defensas bajas y a otro, exactamente en las mismas condiciones que yo, no? ¿O porqué en relación a mí mismo, en ocasiones sí y en otras, aparentemente las mismas, no? ¿O por qué ese mismo sistema inmunitario deficitario atrae a mí la presencia de ciertos virus en mi nariz unas veces y otras, sin embargo, los presenta, por ejemplo, en mi piel en forma de hongos?

Con este proceso de buscar la causa, el porqué o uno deja de analizar en un momento dado o termina en el Bing o Bang (aunque, con rigor, debería seguir preguntándose más allá para alcanzar un punto final congruente).

Con la causa de cualquier situación presente en mi vida, acontece lo mismo. ¿Qué causa que en un momento dado de mi vida –o de continuo- sufra, por ejemplo, maltrato? ¿La mala suerte? ¿la ignorancia? ¿la injusticia? ¿el karma? ¿el azar? Elijamos la que elijamos en función de nuestras creencias, algunos necesitaremos necesariamente preguntarnos la causa de esa causa. Con ello, algunos encontraremos alivio en un nuevo origen o porqué; sin embargo, otros –cada vez los más- pondremos el foco en otro distinto. Y unos obtendrán alivio, pero otros tantos no descubriremos en ningún mecanismo de pensamiento un porqué que pueda resultar servible, sin que otro porqué asome inmediatamente en el escenario y sea suficiente y viable.

En Medicina del Ser he aprendido muchas cosas para andar con paso firme hacia una vida consciente, cada vez más alejada del sufrimiento, de la incomprensión, del error o la culpa. Algunas ya las había encontrado por el camino, por lo que no resultaron nuevas, y otras han supuesto toda una revelación. Pero, por primera vez en cualquier parte, las encontré todas unidas en el mismo método, transmitidas, además, de una forma muy sencilla y amena. Para mí, las más útiles y prácticas han resultado ser las siguientes :

  • la indiferenciación entre yo y cuanto me rodea (el todos somos Uno o no dualidad);
  • que lo bueno y lo malo no son exactamente reales como creo, sino sólo percepciones mías (no-dualidad y polaridad)
  • el concepto de la responsabilidad (la causa de que todo cuanto vivo no se parte del exterior, sino que emana de mí mismo. No soy una pobre víctima);
  • que, por lo tanto, soy el creador de todo lo que que aparece en mi cuerpo, en mis relaciones, en mi vida y en el mundo, lo que me confiere un poder ilimitado (la divinidad no está fuera de mí en los cielos o cualquier otro emplazamiento, sino que YO SOY un ser divino, co-creador de mi realidad, por lo que no necesito intermediarios para lograr lo que deseo; sólo preciso alinearme con ello);
  • la no linealidad del tiempo (el pasado no es estático y se puede transformar aquí y ahora, del mismo modo que existen miles de posibilidades para mi futuro que van construyéndose con cada elección, con cada sensación, con cada pensamiento);
  • y la, más trascendental en mi opinión, la que justifica la existencia de mi cuerpo espiritual: el propósito de cuanto sucede en general y , en especial, el propósito o intención de que yo exista.

Así que, por fin he comprendido y he decidido dejar atrás, en la Vieja Era, el Porqué.

Sí tú también estás empeñado en comprender, en conciliarte con la vida, te aseguro que puedes. Puedo yo y tú también puedes. En realidad, lo verás en algún momento, estás aquí justamente para eso, para lograrlo. Los automatismos adquiridos van a querer llevarte siempre atrás, a que regreses a tu estado anterior (de inmenso dolor, de crítica, de juicio, de acusación, de incomprensión, etc) o que te mantengas en ellos, en la comodidad de lo viejo (aunque sea fuente de sufrimiento para ti). En, como decimos ahora, tu zona de confort.

Sólo mantente en la tenacidad inquebrantable de querer ser consciente para llegar a instalarte, un día, en la vida plena que te corresponde por derecho natural. No como meta a alcanzar y abandonar, sino como camino, como trayecto que ir recorriendo mientras dura tu existencia aquí. Si sientes que no puedes, que no lo logras, necesito decirte que, así tal cual con lo que piensas y sientes ahora mismo, lo estás haciendo realmente bien (en realidad siempre lo estás haciendo bien, aunque aparente lo contrario). Y que si aún no consigues ver con amor, con confianza cuanto experimentas, pronto lo harás, confía (incluso aunque sientas que no puedes) porque sé bien dónde te encuentras, y lo sé porque -como he intentado explicarte aquí- yo misma, como tantos otros iguales que tú y que yo, también hemos estado justo ahí, atravesando ese lugar.

Como cada cosa nueva que te hayas empeñado en aprender a lo largo de tu vida (un idioma, un deporte, una receta de cocina, una persona ….) no es que sea “difícil” es sólo, como dice mi buen amigo Rafael, que es “nueva” y que, por tanto, requiere de tu tenacidad, de tu empeño, de que te mantengas firme en tu propósito, a pesar de los obstáculos que puedan presentarse y que parezcan querer engullirte como una ola feroz.

Así que, por favor, mantente firme en la intención de adquirir una nueva manera de ver y estar en el mundo o una nueva consciencia. Por favor persevera porque, a pesar de que puedas no saberlo o no entender cómo, a la par que el resto del mundo, ya estamos cumpliendo todos con nuestro Propósito de Vida, y estás, como ves, atrayendo a ti el modo de hallar comprensión.

 

Texto: Cristina Gil Rigall

Foto: Delia Govantes Romero

Medicina del Ser®

 

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