Libertad

Mi amigo Josep Soler me enseñó a leer el lenguaje oculto de la vida. No creo dominarlo, pero al menos estoy más atento a sus mensajes y eso ya es mucho.
Dice Josep que la vida nos habla todo el tiempo, y de muchas formas. ¡Parece broma, pero cuando observas, es cierto!
Sin afanes brujos, que la superstición me va muy mal, encuentro un eco de estas enseñanzas en muchos conceptos de Carl Jung. La aceptación de que el mundo o incluso el universo, es una unidad integrada en la que todo está relacionado. El tema es abrir los sentidos para observar y la mente para entender e interpretar.
¡Cada día hay signos visibles a nuestro alrededor, mensajes clave en cada esquina! Es sólo que vamos como burros con tapaojos, sin ver nada.
La vida habla, y habla fuerte y claro.
A veces desde un letrero en la calle, a veces desde tu cuerpo, con un síntoma. Lo importante es abrirnos a esa sabiduría divina y manifiesta, escuchar… ¡Observar!
Los mensajes son sutiles, otras veces son brutales, espectaculares como producciones de Cecil B de Mille.
Dos referencias… Voy a mi cita al médico y el tráfico me tiene retrasado una hora. Ya no llegué a la cita, estoy a unas cuadras, pero ya no llegaré. Voy a llamar para disculparme y reagendar cuando veo un anuncio que dice:
– “¡Nunca es tarde, para hacer ese viaje que has soñado!”
Ahora sé que no es coincidencia, es sincronía. Nunca es tarde, es el mensaje. Continuo el camino al doctor y me encuentro la sala de espera vacía y el doctor entrando conmigo. Ambos estábamos estancados en el tráfico.
Estas cosas suceden todo el tiempo, y sólo quien se adentra en estos misterios las va identificando y además va encontrando cada vez más mensajes en todo. Resulta fascinante al tiempo, pues compruebas que efectivamente funcionan así las cosas, la vida habla continuamente, parece querer ayudarnos todo el tiempo… Y sin embargo… Vamos sordos y distraídos, tropezando torpemente e ignorando las señales.
Voy a contar una de las otras, de esas señales de gran formato que nos dejan boquiabiertos por varios años.
Hace años me construí un bote casa. Una plataforma flotante con una cabina montada con todas las comodidades. La idea venía de una fantasía infantil, la balsa de Huckleberry Finn en el Mississippi.
El bote se llamaba “I Do” parodiando el yate fabuloso de Gail Winand en “El Manantial” aunque los amigos le llamaban cariñosamente La Panga.
Tenía el bote anclado en Valle de Bravo y ahí pasaba los fines de semana y más, escribiendo y escuchando música en el aislamiento del lago, entre el sol el agua y el viento.
Una tarde lluviosa, dejé el barco en el muelle y tomé el coche para ir a cenar al pueblo. Anochecía y la bruma creaba un efecto fantasmagórico con las luces.
Ya cerca del pueblo, llamó mi atención un enorme caballo blanco que venía galopando majestuosamente por la carretera, sus crines y cola ondeaban contra las luces de los vehículos cinematográficamente.
Me detuve, pues el magnífico animal venía de frente y esperé a un lado para evitar un encuentro, pues no parecía dispuesto a detenerse. El potro pasó a mi lado, el redoble de sus cascos cimbró el piso y el auto y juro que incluso dejó a su paso ese olor característico de los caballos, para perderse en el espejo retrovisor en su carrera. Recuerdo que pensé: ¡Este caballo valdrá una fortuna! Alguien va a pasar la noche buscándolo
Seguí al pueblo, cené tranquilamente mientras leía y hacia medianoche regresé al muelle para abordar el bote y anclarme a medio lago, sin embargo me esperaba una sorpresa poco agradable… Hacía frío, lloviznaba y la niebla no cedía, pero lo peor? ¡El barco no estaba en el muelle!
No recordaba haberlo amarrado, simplemente lo dejé apoyado contra el muelle, el viento soplaba por el otro lado, y olvidé atarlo, pequeña distracción. El viento cambió, y mi barco andaba a la deriva como un fantasma por el enorme lago, bajo una niebla digna de Alan Poe. ¡A ver quién lo encuentra!
No abundaré más en detalles, tomé un bote pequeño y una linterna y en compañía de Agustín, mi amigo y dueño del muelle, salimos a buscar al I Do en los alrededores. ¡Nada! Se lo había tragado el lago.
Fue varias horas más tarde, en la orilla opuesta, donde vimos un reflejo en medio de la bruma. Nos acercamos y entonces fue más clara la silueta y el ruido de una campana que colgaba en la cabina. Estaba encallado en la orilla, meciéndose suavemente con el oleaje.
¡Lo encontramos Don Alberto! Me dijo Agus, contento y cansado de andar por el negro lago, como Caronte en la Divina Comedia. Salté al barco para encender motores, para comprobar que estaba bastante atorado en el lodo de la orilla y era necesario empujarlo desde tierra. Sin ganas metí las botas en el lodazal y empecé a empujar el casco, cuando me advierte Agustín: ¡Cuidado don Alberto! Un caballo enorme de más de dos metros de alzada se acercaba corriendo, resoplando vapor como una fiera embravecida.
Quedé estático y mudo ante la majestuosidad de la noble bestia que llegó exactamente a donde me encontraba, sacudiendo la cabeza y las crines, con las patas metidas en el lodazal. Era el mismo semental que había encontrado por la carretera unas horas antes, ahora en una dirección muy lejana de donde le había visto. Inexplicable sincronía.
Solté el barco y antes de subir en él, me atreví a darle unas palmadas precavidas al corcel, que se dejó hacer y de pronto arrancó a todo galope, perdiéndose en la niebla y la noche.
Navegando tranquilamente de regreso, con los motores en baja y viendo la suave estela que dejaba el barco en el agua, escuché decir a Agustín que se calentaba las manos con el aliento: !Qué raro todo, don Alberto… Qué raro…!
El comenzó a contarme historias escalofriantes de aparecidos y demonios que asumían forma de chivo o de perro, mientras yo pensaba en la sincronía extraordinaria que había ocurrido. El potro blanco extraviado en la noche, mi barco blanco extraviado esa misma noche, se habían encontrado en un vértice imposible de la realidad. ¡Y yo con ambos! ¿Cuál era el sentido? ¿Habría un mensaje oculto? ¡Desde luego! No era la primera vez que me ocurrían esas cosas.
El mensaje era uno y simple, la majestuosidad de la libertad que desconoce brida y ancla, es en ese camino donde se encuentra lo que se necesita.
Así, o más claro?

Alberto Lastra

3 comentarios
  1. Elizabeth
    Elizabeth Dice:

    MI EXPERIENCIA PERSONAL CON EL LENGUAJE DEL ALMA

    Estimado Josep,

    Como sabes, estoy encantada y muy agradecida por tener la oportunidad de poder incorporar e ir integrando poco a poco este gran conocimiento que nos proporciona el lenguaje del alma.

    Este libro llegó a mi como regalo en mi 33 cumpleaños, de eso hace ahora exactamente poco más de un año.Hasta ese momento desconocía quién eras y cómo interpretar la forma en que nos habla nuestra alma. Cuando llegó a mis manos, yo ya llevaba muchos años sin creer en las “casualidades” sino en la “causalidad”, en el poder de creación que tenemos con nuestros pensamientos y sentimientos, en la ley de la atracción, en la psicología positiva…pero esto era totalmente nuevo para mí y mientras lo leía iba encajando muchas de mis creencias.

    Fue el verano pasado cuando al llegar al capítulo de la práctica de “Esculpir el Síntoma” cuando pude comprobar por mí misma cómo funcionaba. En ese momento, me encontraba en la recta final antes de pillar mis deseadas vacaciones estivales, y llevaba ya algunas semanas padeciendo un dolor de riñones tan intenso que no me dejaba ponerme derecha y que me estaba limitando en mi día a día. No le encontraba sentido a esa dolencia, pues no había tenido ningún percance ni había hecho ninguna postura rara…se puede decir que incluso estaba enfadada por padecerlo pues no le encontraba ningún motivo ni sentido… Esa mañana estaba trabajando en casa con el ordenador y decidí hacer un descanso, abrí mi libro por la página por la que iba y me tope con esa maravillosa herramienta. Ni corta ni perezosa decidí anotar los pasos a seguir para aprenderlos y ponerlos en práctica, y así lo hice. Además, tal y como recomiendas en tu libro, una vez realizada la enganche con la práctica del “acontecimiento semilla”. El resultado me dejó literalmente helada amigos, no soy capaz de explicarlo bien con palabras. Los mensajes o regalos que recibí tras haber esculpido mi síntoma tenían sentido para mí (en concreto mi alma me decía que no fuese tan autoexigente conmigo misma y que no me tomase las cosas tan a pecho),y con el acontecimiento semilla pude ver, como si de una película se tratara, una escena que había ocurrido entre mis padres y mi abuela cuando yo tan sólo tenía 6 años y que por supuesto, yo no recordaba. Llore durante esta última práctica porque no podía creer lo que estaba viendo…al finalizar sentí una sensación de paz y de relajación intensas, me levanté del suelo y me tumbe en el sofá con idea de asimilar todo lo que había vivido en un momento. A la media hora me levanté, y ZAS! mi dolor de riñones había desaparecido como por arte de magia, no lo podía creer, era imposible…era tan fuerte todo lo que estaba pasando. Recuerdo que en ese momento llegó mi pareja a casa y con lágrimas en los ojos de la emoción le conté mi maravillosa experiencia.

    A partir de entonces, creo firmemente en el lenguaje del alma y lo tengo muy presente en mi vida, no sabéis hasta que punto te da poder…desde entonces he iniciado mi particular cruzada para que todas las personas a las que quiero puedan tener acceso a esa valiosa información, porque es única. El lenguaje del alma se ha convertido en un libro de cabecera para mí y para muchas personas de mi entorno.

    El pasado mes de febrero tuve la oportunidad de asistir al primer nivel de la “Medicina del Ser” en Sevilla en el aula la Montera, y fue maravilloso poder seguir indagando en este arte de la mano de Josep, el arte de escuchar la vida. Por supuesto, pienso hacer el segundo nivel y desde aquí os recomiendo encarecidamente que os acerquéis al mismo y que lo aprovechéis al máximo, que os animéis a realizar las prácticas vosotros mismos y comprobar sus resultados, porque tiene un valor incalculable.

    Estoy sumamente agradecida al universo por poder vivir este proceso de transformación, somos los creadores de nuestra vida y tenemos la oportunidad de aprender a alinearnos cada vez que lo necesitemos. Cualquier cosa que pase en el universo tiene sentido.

    “No importa lo que pase en nuestra vida, si tenemos la capacidad de vivirlo bien”

    Responder

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